LA ISLA DE LAS CEREZAS

Poesía erótica y de amor desesperado

lunes, 6 de agosto de 2018

En el oleaje


En el oleaje, tu voz rompe
sobre mi cuerpo
y nos hacemos agua,
viento salvaje, chocando
contra un parpadeo de luces.
Algún día derribaremos
este muro
de los cuatro elementos
y seremos un solo ser,
con dos bocas 
que se besan
hasta confundirse
las almas y el llanto.
Nuestra forma común
de existencia
trazará un nuevo camino.
Hacia la enormidad.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Pierre Auguste Cot

Tormenta de sal


Descubres el deseo
en mis párpados calientes,
soñándote.
Se desviste la noche
y nos arrastra
a una imparable tormenta
de sal. No podrá tu lengua
con tanto volumen del
movimiento, mis ganas
enfrentadas a cualquier
atisbo de final o muerte.
Recuéstate a mi lado
y siente la navegación
de los átomos alrededor
de estrellas que giran.
Comparte conmigo
la hermosura
del cambio, el amor
ocupando cada lugar
vacío, cada color ausente.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Malcolm Liepke

miércoles, 1 de agosto de 2018

Síndrome de la rosa inquieta


En mitad del espacio,
con la boca entreabierta
por si aparece
tu último beso lanzado
con las manos,
para que yo lo recoja
cuando me ataca
el síndrome de la rosa inquieta
y necesito inhalar a la vez
aire y agua.

Te siento y desciendo
con el leve golpeteo
de tus labios imaginarios.
Modelas mi figura
como si crearas
un amanecer nuevo,
el sonido del calor
en el instante del reflejo.

Hoy mi llanto es distinto.
Se nutre de la espera
y el recuerdo.
Y soy feliz, entregándome
a tu regreso.

© Laura Villanueva Guerrero
 Arte: Malcolm Liepke

Huella del cambio




A veces el hambre
imagina
que tiene sed
y en la expansión
de lo sentido
me abarca.
Soy
huella del cambio,
estigma,
universo enfurecido.
Y te busco
como jamás lo hice
antes, apagando
todas las luces
para olfatear
tu voz en el futuro
y forzar
el encuentro voluntario
entre tu palabra
y mi cuerpo desnudo.

Después vendría
el recuerdo, la sensación
de vacío en el gesto,
como si siempre faltara
algo, como si fueras a
marcharte a ese abismo
de margaritas y avestruces
donde luce el sol
hacia arriba y la sombra
se extiende con las lluvias.

Quizá no merezca
la pena
este rastreo al que
someto mi vida
y deba dormirme
sin más pretensiones
que despertar o ser,
aunque perdure
en mis dedos
el anhelo continuo
de la caricia
y todo vibre a mi paso
creando música muda.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Vladimir Kush

Fe


Mi deseo no procede
de la carne ni del latido,
parte de mi fe en tu boca.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Felice Casorati

Nueva especie


Me arrebatas
el sudor
de las extremidades,
me arrastro
hasta recuperar
el movimiento.
Subo a la cumbre
alumbrada
(tanta claridad reunida
en el levantamiento)
y me derrumbo de nuevo
allí arriba,
despacio,
como si la gravedad
no me estuviera observando.

Dejé de ser humana
la primera vez
que miré tus ojos
o tus labios.
Ahora no sé a qué especie
pertenezco.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Vladimir Kush

Juega


Juega
a morder el aire
delante de mi boca.
Besaré el aliento
liberado, la voz ansiosa
del hambre.

© Laura Villanueva Guerrero
Arte: Malcolm Liepke