LA ISLA DE LAS CEREZAS

Poesía erótica y de amor desesperado

jueves, 14 de diciembre de 2017

Me encelo



Me encelo
de mis propios labios
cuando me besas
apretando contra mí
alguna estrella
que pasaba
antes de enfriarse
y mi boca
se vuelve noche
de miel brillante
y ni el cambio climático
reduce
el calor que nos une
ombligo y párpado.

© Laura Villanueva Guerrero

Pidamos un deseo


Aún existe un calor
rezagado
del invierno
como
un gato solitario
que nos ronda
el beso.

Los cinco océanos 
se caen de golpe 
formando charcos.
Tú y yo con las botas de agua
en plena transformación
del planeta.

Tus labios se entreabren.
Tanto color en la caricia...
sentimos a Matisse
al abrazarnos.
Soy carmín rojo, desvanecido,
delante de tus ojos verdes.
Y es azul magenta el modo
en que me amas por dentro.
Te entrego mi pozo
de flores naranjas,
cada volumen caliente.
Y la Tierra se convierte
en estrella fugaz.

Pidamos un deseo.

© Laura Villanueva Guerrero


Algodón ovalado


El viento desordena 
nuestras manos 
con caricias caídas 
de árboles fríos,
casi nieve o danza. 

Te mueves en mi boca. 
Paseas por mi plegaria: 
madrugada, 
prisión, 
nube, 
huída. 

¡Qué algodón ovalado, 
qué voz ensanchada!

Pruebo el sabor de tus células, 
la vida que crece 
en húmeda estancia. 

Respiro tu fuego. 
Soy cría de dragón 
cuando reposas 
en mi lengua. 
Y me enrosco en tu pecho 
para ver llegar 
un nuevo planeta 
de medusas rojas, 
algún mar de piedras blandas, 
un desierto trepando 
por montañas de agua. 

Bésame y acaba 
con esta agonía sísmica 
que siempre me atrapa.

© Laura Villanueva Guerrero

miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿Descansamos?

¿Descansamos
del libre albedrío?
Si abrazados
sostenemos
el fuego pre-encendido,
la necesidad
de tenernos
bajo una misma noche,
no te alejes
jamás de mi espalda,
aquí
empieza el dolor
del equilibrio:
o el amor imposible.

© Laura Villanueva Guerrero

La adrenalina de la flor


Corre sin descanso
desde tu voz
hasta mi cuerpo,
libera los sonidos
de sus jaulas
y tráelos a mi garganta
para hacerlos míos.

Ven a mis sépalos
abiertos
que ansían
tu llegada en ráfaga.

Nos contagia la
rotación
y nos buscamos
en los giros,
tu boca en mi boca
encendiendo
lámparas, hay
una montaña que aún
vuela
y nos da sombra
nocturna.

Siento en los dedos
el polen
que segregas dentro mía.
Llenamos las caricias
de olor y búsqueda.
Ruedo por tu pecho,
no me quedan turgencias
que arrojar
a tu latido loco por salir.

Nos hacemos sol feliz,
ardemos
con la sangre colmada
de nosotros mismos.

Me voy a quedar
dormida
en tu voz de alcoba.
Háblame,
para no morir.


© Laura Villanueva Guerrero



Depredador


Vuelves a ser depredador
de rosas
en mi cintura,
tan dulce tu garra,
tan suave la mordida.
Me desvío al mar
- nuevo afluente -
y desvisto olas.
La naturaleza se muestra
desnuda
entre nuestros cuerpos.
Se nos trenza el deseo
de más.
Tu beso lleva prisa
por doblegar
mi paso.
Me quedo quieta.
Respiro despacio
jalando de todo arcoiris
hacia mis hombros.
Te me adentras
en la pupila,
casi lágrima,
eres agua cobijándote,
desvarío del tacto,
aquí y allá,
como una locura del presente.
Me sobreviene la angustia
de siempre.
Guardo mis manos
en el olvido
y dejo de tocarte,
aunque nunca te vayas
de mis caricias
de fuego en invierno.
La noche se alarga.
La hoguera se vierte.
A partir de ahora
nadie nos llamará
soledad.

© Laura Villanueva Guerrero


 

No te levantes de la cama



No te levantes de la cama
hasta que se afiancen
en tu cuerpo
cada uno de mis desvelos.

© Laura Villanueva Guerrero