jueves, 10 de mayo de 2018
El quicio de la puerta
Me lamías los párpados
y te dejaba entrar en mi sueño
- piedra flotante de la realidad
con el color desordenado.
Nos levantábamos
con el pie izquierdo
para desafiar al día
desde su inicio.
Los besos sabían a humo
de néctar, me deshacía
en el vapor gelatinoso
de tu lengua,
quedaba con el Futuro
en tu espalda,
el abrazo venía
de otro planeta
con vida inteligente
de los peces.
Me lamías las mejillas
en busca de alguna
lágrima antigua.
Sigo viendo
todas las luces que rompimos,
sexo con sexo,
en el quicio de la puerta.
© Laura Villanueva Guerrero
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