Con el roce, pliegue y tallo
forman la cadena
del deseo nómada:
va y viene de tu boca
a mi beso. Aguantas
mi saliva con tus labios
como si te mordiera
el agua.
Los cuerpos no tiemblan,
corren en la extensión del aroma,
desvanecidos por la prisa
de llegar juntos
a la misma nube.
Allí nos aguarda la fuga,
el instante de ser
en el otro lo que nunca
fuimos. Tu cintura conserva
la ira tranquila de los lagos.
Te rodeo para seguir respirando.
Lucho. No quiero milímetros
de distancia entre tu frente
y la mía. Casi dentro de ti,
con una madeja de verbos.
Amar. Quemar. Unir.
© Laura Villanueva Guerrero
miércoles, 22 de agosto de 2018
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