viernes, 20 de octubre de 2017
Dieta hipocalórica
Pensaba que la dulzura
no era untable
hasta que abrí tus muslos
y se me llenaron los labios de ti.
Entonces me enfadé con Dios.
"¿Por qué me has tenido engañado
tanto tiempo?
Yo no quería libre albedrío.
Sólo queria su voz de azúcar
gritándome,
revoloteándome,
como pluma que se desprende de una nube".
Ahora que te he probado
la realidad es una mentira ocre.
Y a ver qué dieta hipocalórica
me prescribe mi médico
la próxima vez que vaya a consulta.
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Te irás, la vida se definirá por otros gemidos, se abrirá la puerta a la inmensidad triste. © Laura Villanueva Guerrero
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