Venías en la noche
con las preguntas a buen recaudo
manteniendo correctamente el equilibrio de las cosas.
Impermeables al mundo y a los hechos.
Así éramos,
el primer gemido liberado
de un abrazo,
despedidas secas,
voces que desaparecían al despertarnos.
Me costó entenderlo más de un insomnio.
Sólo sexo deshumanizado.
Como perros abandonados en un callejón
sin salida.
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