Este calor de nube me devuelve a ti, como el último destello de una amapola antes de marchitar. Y te miro, con la luz que aún perdura en mis dedos. Tu belleza casi es laberinto. No sé salir de ella cuando te oigo llegar. Mis labios se entreabren. Asoma la plegaria: quédate. Evoluciono. Más frágil, te llevo la penumbra en la boca. El día se acaba. Tengo miedo de que todo se vuelva sueño, hasta tu abrazo. Voy a apresurar mi cuerpo hacia lo salvaje del tuyo. Se acerca un círculo de oscuridad... Y nosotros dentro, girando, con la única intención de anudarnos más. Dime si soy tan tuya cómo lo estoy sintiendo. Esta carne enamorada que se me desprende en cada vuelo. Quiero que mañana me recuerdes. Quizá conserves algo de mi saliva en tus uñas. El juego de mis muslos, hacia arriba, pernoctará en tus ojos. Me he encerrado en tu imagen lineal del deseo. Y asciendo, acalorada, a una nueva nube caliente. Desde allí contemplo mi último destello.
martes, 24 de octubre de 2017
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