sábado, 3 de marzo de 2018
Desde la caricia húmeda
En tu cuerpo habita
un pájaro,
veo sus alas en tus
pechos
enseñándome el viaje.
Vengo de lejos
para erosionar tu
vientre
con mis manos
de viento.
Y ser en ti desde
la caricia húmeda.
Jamás había
recorrido tanta belleza.
Me detengo en la
naranja que se abre
entre tus muslos
y pruebo
la naturaleza en su jugo
de dulzura.
Trepo tu desnudez
con el aliento enmudecido
y los dedos a punto
de estallar en tus costillas.
Siento en tus huesos
la muerte que no nos llegará.
Eres flor, nube y vida.
Exagero la respiración
para atrapar tu voz.
Cuando susurras nace
una estrella fría en mis hombros.
Voy a besar de nuevo
tus labios de agua
en los que fuerzo
mi naufragio.
Hacia ti huyo de mí misma.
Me invade la paz
del deseo,
saber que tengo una hebra
de tu existencia brillándome
en cada latido.
Me balanceo sobre tu
piel trasera,
vacío el dolor del volumen
en tu erguida curva.
Se me escapa un roce
liviano
en tu nuca.
Me trenzo para expulsar
la furia, la amplitud, el grito.
Con el reposo
conseguido de la pasión,
vuelve la caricia.
Tu suavidad envuelve
los 9 planetas.
Me miras y también sueña contigo
mi última realidad.
Cuadro de Edgar Degas
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Te irás, la vida se definirá por otros gemidos, se abrirá la puerta a la inmensidad triste. © Laura Villanueva Guerrero
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