sábado, 31 de marzo de 2018
La luna-cebra
Como un mar que me roza
por dentro,
llega tu caricia,
despacio,
cuántas olas en los dedos
cuánta sal azul en el aliento.
Nos alumbra la luna-cebra
desde allí arriba con su ojo
blanco.
Y te imagino mientras te beso,
para no perder un instante
en otro pensamiento que no seas
tú.
Tus manos cruzan mi vida
de luciérnaga caótica,
mueves nubes
para que el cielo quede violeta
sin más,
como un suspiro del color.
Y avanza el deseo hasta
que mi cuerpo oye
el último gemido del vértigo
y nos invade la calma sagrada
de la divinidad.
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Te irás, la vida se definirá por otros gemidos, se abrirá la puerta a la inmensidad triste. © Laura Villanueva Guerrero
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