miércoles, 13 de julio de 2016

Como si no pudieras despedirte


Como si no pudieras despedirte
con un adiós o con un abrazo,
te despides con los ojos
y me provocas una lágrima
que no se ve, pero que duele.

El tren también piensa
en qué será de nosotros
y viaja tan veloz como ausente.

Ese árbol, que dejé atrás
hace más de 100 kilómetros,
se desintegra al recordarte
y los segundos de tu boca
se pierden para siempre.

En la estación no me espera nadie,
ningún taxi con luz verde.
Me recibirá el vacío,
el enorme vacío, de no tenerte.

Y cuando mañana amanezca
en medio mundo,
no habrá luz ni ruido suficientes
para despertar a mi alma
de esta inevitable muerte.

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