Cada final, explosión del mundo y sus miradores, es otro principio. Caigo sobre ti. Mi sollozo, como soga de fuego, te rodea. Soy luz evaporada buscando la pureza de tu agua perversa. Y te veo, a pesar de la distancia. Una cordillera de deseo une tu cuerpo y mi alma. Robo segundos a cada siglo y, en ese tiempo nuestro, te beso. Reinvento el futuro a partir de la secuencia infinita de tu lengua en mi lengua. Geometría de la saliva y el sexo.
El mar desaparece.
Las abejas
trasladan a la luna
el néctar del planeta.
Un huracán
de fango amarillo
ilumina el interior de las estrellas.
Las abejas
trasladan a la luna
el néctar del planeta.
Un huracán
de fango amarillo
ilumina el interior de las estrellas.
Lames mi espalda. Siento un sonoro temblor en la médula. Bajas a la pausa de mi vida. El cielo es una rosa expandida, un hilo de lumbre y silencio, hambre dentro del hambre, fugacidad de la madera en el incendio.
Grito tu nombre, golpe seco, trueno en el fondo de un arcoiris de templadas hebras. El color también sabe a nosotros.
La nada se debilita cerca de tus manos. Renuncio al libre albedrío. Quiero el determinismo salvaje de tus labios. Rompes la relación causa-efecto. Fluye la sangre por mis venas mientras en tus brazos me desvanezco, como un pájaro de sol mojando sus alas de viento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario