La oscuridad me trae un aro de recuerdos a la cintura y mi ombligo grita tu nombre una vez más, como un árbol que cae al Amazonas y es arrastrado río arriba, hacia el espacio de peces comunes. El cubo de la existencia se hace pequeño y tú te pierdes en las paredes, callado y blanco, tiempo vertical que oprime la densidad de la memoria. Estás en cada instante vivido como una línea de mar que me silencia los labios. Te busco en el futuro, en el lugar exacto donde me espera tu abrazo.
lunes, 16 de enero de 2017
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