jueves, 18 de agosto de 2016

Ceguera



Hay una mandarina y una verdad pequeña
en tu mano. Olor a primavera y a sueño.

Y mi piel, de nuevo,
es una maleta rayada y vieja en un aeropuerto.

Tus vuelos no me contienen.
La luna es un triángulo de horror blanco,
de lágrimas veloces,
de saltos truncados por huracanes de tiempo.

La vida es el nudo imposible de mi tierra y tu fuego.
Y así transcurro, arrollada, invisible, trágica.

La célula primaria de mi alma
te recuerda a veces
y entonces, sólo entonces,
se mece una galaxia de asfixia negra
debajo de mis párpados frágiles.

Y no puedo abrir los ojos:
se me rompe la mirada
si te tengo enfrente.

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