Me acompañas en el recorrido superior de mis piernas, buscando los milagros de la creación, entregándome con suavidad la voz de tus dedos, el canto nocturno, el abandono de tu cuerpo a mi única esperanza, el calmado grito interior, la lluvia afrutada de todos los astros, la unión abstracta de tus pies y mis labios. Y mi ombligo se contrae para la provocación consentida de un nuevo incendio sobre el agua.
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