A veces se despliegan mis alas, pero son mis manos atadas al dolor, las que vuelan sobre tu cuerpo. Se desvanece mi sombra y surge la luz sometida al deseo. Si estás conmigo, sólo sé pensar con los dedos. El tacto se hace palabra roja en mis labios. Se abre cada idea, la flor nacida sin tiempo. Y no queda espacio entre los dos. La distancia sube a su paraíso de ausencia. Nos separa una canción quizá, el aire dormido. Y me besas con tu pensamiento de permanencia.
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