domingo, 12 de noviembre de 2017
10 minutos
Cerramos los ojos
y la idea del otro
ilumina el volumen vacío
del encuentro.
Somos agua que sigue
la corriente del beso:
tu saliva cruzándose a ciegas
con mi cuerpo...
Dejo de ser yo
para convertirme en nube
arrastrada por el viento.
Y todo es luz acostada
cuando la distancia
nos gime al oído
que habrá una próxima vez.
Así te quedas en mí,
como una voz dentro del anhelo.
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Te irás, la vida se definirá por otros gemidos, se abrirá la puerta a la inmensidad triste. © Laura Villanueva Guerrero
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