Sube conmigo y alcanza con mis dedos alguna estrella dormida. Esta vez, la luz se nos quedará dentro. El beso contendrá amaneceres turquesas, huídas de la noche hacia el otro hemisferio. Te abrazaré. Y nos saldrán por los ojos rosas calientes a punto de arder. Nos consumirá el deseo interior, como un secreto a la hora de la muerte. Vertirás en mí las palabras del alba: quédate, ama, vuelve.
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