Entregada a la vida de tus brazos, somos aire tangible en el último fonema de un grito de amor. Vuelvo a sentir la desesperación de los árboles en los largos días de verano. Ese calor de la corteza me invade cada capa de la existencia. Y te busco con todo el cuerpo para sobrevivir desde ti. Late tu fuerza en mi boca, tu músculo humano haciéndome instinto. Soy loba y rosa. Llevo pétalos en las garras. Dejaré mis marcas en tu espalda. Tienen la forma de un corazón invertido. Suelo desangrarme en la manifestación carnal del latido.
jueves, 16 de noviembre de 2017
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